Descripción general
La enfermedad renal crónica (ERC) es una afección en la que los riñones pierden de manera progresiva la capacidad para filtrar los desechos y el exceso de líquido del cuerpo. Esta pérdida de función puede avanzar lentamente y pasar desapercibida en las primeras etapas.
Los riñones eliminan toxinas, regulan la presión arterial, equilibran minerales como sodio y potasio, y ayudan a mantener sanos los huesos y la sangre, por lo que su daño afecta a todo el organismo.
Signos y síntomas
Las primeras etapas pueden no causar molestias. Conforme avanza la enfermedad, pueden presentarse:
- Cansancio y debilidad.
- Hinchazón en pies, tobillos o cara.
- Cambios en la cantidad o color de la orina.
- Náuseas, vómitos o pérdida de apetito.
- Picazón en la piel y secuencia.
- Presión arterial elevada y difícil de controlar.
- Calambres musculares nocturnos.
- Dificultad para concentrarse o sensación de confusión.
- Sabor metálico en la boca o mal aliento.
Complicaciones
Si no se controla, el ERC puede ocasionar:
- Insuficiencia renal terminal (necesidad de diálisis o trasplante).
- Hipertensión resistente.
- Anemia persistente.
- Alteraciones óseas (osteodistrofia renal).
- Retención de líquidos y edema pulmonar.
- Mayor riesgo de infarto, ACV y arritmias.
- Desequilibrios metabólicos graves, como exceso de potasio en sangre (hiperpotasemia), potencialmente mortal.
Diagnóstico
El diagnóstico incluye:
- Creatinina sérica y tasa de filtración glomerular (TFG): evalúan la función renal. Una TFG menor a 60 ml/min por más de 3 meses indica ERC.
- Examen de orina: detecta proteínas (proteinuria) o sangre.
- Microalbuminuria: útil para la detección precoz, sobre todo en diabetes.
- Ecografía renal: valora tamaño y estructura de los riñones.
- Estudios adicionales de electrolitos, calcio, fósforo y hemograma, según la etapa.
Recomendaciones
Para frenar el avance de la ERC y mejorar la calidad de vida:
- Controlar enfermedades de base:
- Alimentación saludable:
- Dieta baja en sal, proteínas y fósforo si lo indica el médico.
- Aumentar el consumo de frutas y verduras (según restricciones).
- Evitar ultraprocesados, embutidos y bebidas azucaradas.
- Hábitos saludables:
- No fumar ni consumir alcohol.
- Mantenga un peso adecuado y realice una actividad física moderada.
- Controlar el estrés y dormir lo suficiente.
